1.) OK:
Esta es la palabra que las mujeres utilizan para finalizar una discusión cuando han decidido que ellas tienen la razón y ahora debes callarte.
2.) CINCO MINUTOS:
Si se esta arreglando, significa MEDIA HORA.
3.) NADA:
Es la calma antes de la tormenta. Significa ALGO. Y deberías estar totalmente alerta. Discusiones que empiezan con NADA, normalmente acaban con OK (Ver punto 1).
4.) NO HAY PROBLEMA/ NO,NO ME MOLESTA:
Es un reto, y para nada darte permiso. Ni se te ocurra hacerlo!
5.) GRAN SUSPIRO:
En realidad, es una palabra pero habitualmente los hombres no la entienden. Un suspiro alto y claro significa que ella piensa que eres idiota y se pregunta por qué esta perdiendo el tiempo discutiendo sobre NADA (Ver punto 3 para entender el significado de NADA)
6.) ESTA BIEN:
Esta es una de las frases mas peligrosas que una mujer puede decir a un hombre. ESTA BIEN significa que ella meditara cuidadosamente antes de decidir cómo y cuándo pagarás por tu equivocación.
7.) GRACIAS:
Una mujer te agradece algo. No preguntes. No dudes. Solo di DE NADA.
8.) DA IGUAL/ COMO QUIERAS/ COMO DIGAS/ ES LO MISMO:
Es la forma femenina de mandarte a la mierda.
9.) TRANQUILO, NO TE PREOCUPES, DEJALO ASI:
Otra frase peligrosa que significa que aunque la mujer le ha dicho al hombre en repetidas ocasiones que haga algo, finalmente lo esta haciendo ella misma. Esto más tarde empujará al hombre a preguntar 'QUE PASA?'
Para saber la respuesta de la mujer, ver punto 3.
10.) AAHHH
Cuando la mujer le pregunta algo y el hombre da una explicación tonta o no creíble. Ella solo dice Aaaahhh pero sabe que la respuesta no la convenció y ten por seguro que seguirá indagando.
11.) SI MI AMOR,
Lo dicen cuando quieren hacerte creer que tenes razon, pero en realidad dicen eso para terminar la charla y quedarse tranquilas de que te fuiste contento.
martes, 6 de octubre de 2009
lunes, 5 de octubre de 2009
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
Sé que piensas mucho, hablas demasiado y resuelves poco .
sábado, 3 de octubre de 2009
HOLA· bueni estoy escuchando irresponsables tú programa, tú música -sss y rodri ( el conductor de irresponsables) esta diciendo qe el programa se llama así por los ollentes, pero osea- YO.. IREESPONSABLES ? NAAAAAAAAAA- jajaja y nose, esta hablando de los cog. golds -sss y nose, a eso de las nueve tengo que ir de mily, pq nos vamos a dormir a la casita d su awe (A). y boe, viste como es la cosa ? pq yo no, y me qiero ir YA ! cuando t conoci , dijiste qe por mi no ibas a cambiar.. ibas a seguir siendo igual (8) y estoy chatiando con rou y me dice qe esta hablando por telefono con mi amiwo cortado azul JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJJAj y me da mucha risa (A) y se conecto el puto gay de mierdaaaaaaaaaaaaaaaaa :@ es un mogolico pq no puede andar con una nena -.- ( habló la grande) bueno pero igual :C PUTO! el que no hace lo que quiere; puto ! pu to , pu to- y estamos hablando con rou qe mi amiwo cortado azul la quiere ver, y ella no le qiere dar la direccion ( mala ) y le digo " decile qe si lleva un amiwo de ojos claros le doy yo la direccion" JAJAJAJAJAJAJJAJAJ- y quiere qe vea un pelicula de terror, o sea soy re miedosa yo-.-y la vamos a ver al final, ensima una que es de uno qe se muere y no :(- y yayayayyaya ya me voy a la casa de mily con mis JMLOVE(L); CHAUSÝ !
viernes, 25 de septiembre de 2009
He aprendido.. que nadie es perfecto hasta que no te enamoras.. He aprendido que.. la vida es dura pero yo lo soy más!
He aprendido que.. las oportunidades no se pierden nunca las que tu dejas marchar.. las aprovecha otro.
He aprendido que.. cuando siembras rencor y amargura la felicidad se va a otra parte.
He aprendido.. que necesitaría usar siempre palabras buenas.. porque mañana quizás se tienen que tragar..
He aprendido.. que una sonrisa es un modo económico para mejorar tu aspecto.
He aprendido.. que no puedo elegir como me siento.. pero siempre puedo hacer algo.
He aprendido que.. cuando tu hijo recién nacido tiene tu dedo en su puñito.. te tiene enganchado a la vida.
He aprendido que.. todos quieren vivir en la cima de la montaña.. pero toda la felicidad pasa mientras la escalas.
He aprendido que.. se necesita gozar del viaje y no pensar sólo en la meta.
He aprendido que.. es mejor dar consejos sólo en dos circunstancias: cuando son pedidos y cuando de ello depende la vida.
He aprendido que.. cuanto menos tiempo derrocho.. más cosas hago.
He aprendido que.. las oportunidades no se pierden nunca las que tu dejas marchar.. las aprovecha otro.
He aprendido que.. cuando siembras rencor y amargura la felicidad se va a otra parte.
He aprendido.. que necesitaría usar siempre palabras buenas.. porque mañana quizás se tienen que tragar..
He aprendido.. que una sonrisa es un modo económico para mejorar tu aspecto.
He aprendido.. que no puedo elegir como me siento.. pero siempre puedo hacer algo.
He aprendido que.. cuando tu hijo recién nacido tiene tu dedo en su puñito.. te tiene enganchado a la vida.
He aprendido que.. todos quieren vivir en la cima de la montaña.. pero toda la felicidad pasa mientras la escalas.
He aprendido que.. se necesita gozar del viaje y no pensar sólo en la meta.
He aprendido que.. es mejor dar consejos sólo en dos circunstancias: cuando son pedidos y cuando de ello depende la vida.
He aprendido que.. cuanto menos tiempo derrocho.. más cosas hago.
Los miedos de las mujeres -
Hoy en día, el género femenino está amenazado sólo por cinco plagas: los hombres emocionalmente tarados, la falta de autoestima (con todos sus disfraces), las suegras jodidas, las amigas roba-novio y, por último, los miedos irracionales.
De los primeros ya me he encargado en varios artículos. De las amigas roba-novio y de la autoestima he hablado mucho también. De las suegras ya escribí cinco veces, sólo que nadie sabe que estoy hablando de ellas. Es un secreto que va a morir conmigo. Sobre los miedos femeninos, sin embargo, apenas si garabateé algún dato aislado.
El miedo más famoso que tenemos las mujeres, es a morirnos solas y llenas de gatos. Cada vez que terminamos una relación, vemos el mismo flash forward: nos imaginamos hablando solas, en un departamento lleno de bolsitas de residuos y revistas viejas, tapadas de gatos sucios con cara de hombre, que piden alimento balanceado trepados a los estantes de la biblioteca. Pensamos que cuando nos llegue la hora, nadie va a saber que estamos muertas, y será el portero quien descubra nuestro cuerpo verde e hinchado diez días después. En esos momentos, todas caemos en la misma rutina ansiosa: buscamos amigos que oficien de plan alternativo, y arreglamos matrimonios conjeturales si es que a los cincuenta años todavía seguimos libres.
El segundo miedo dura más o menos una década y luego desaparece. Arranca entre los once y doce años, con la primera menstruación, y va menguando cada veintiocho días, hasta perderse en la memoria para siempre. Los primeros dos años son, sin duda, los peores. Durante cinco días al mes no hacemos más que sufrir e imaginar que escondemos en la pollera del colegio un espeso río carmesí de vergüenza que apenas nos paremos, se escapará zigzagueante por una pierna. Cada diez minutos sometemos a nuestras amigas a mirarnos el pantalón para ver si estamos manchadas (boluda, mirame, mirame ¿me manché?), como si en esa confirmación se nos fuera la vida, y vamos al baño todavía más seguido para volver a revisar.
El tercer miedo no tiene un objeto específico, pero sí un escenario. Las mujeres creemos que cualquier ruido nocturno significa que hay un asesino en casa. Cualquiera. Incluso un ladrido o una bolsa de nylon que se mueve. Así como nos lavamos el pelo todos los días, o vamos a la peluquería una vez cada dos meses, las mujeres, noche por medio, vamos al living con un cuchillo en la mano. En épocas de vientos fuertes incluso más. Quizás todas las noches. Esta es, además, una fobia narcisista, porque dormimos como un ojo abierto, como si fuésemos el líder de la mafia o un magnate griego, pero en la mayoría de los casos es tan poco lo que nos pueden robar que no vale la pena ensuciar el cuchillo.
El cuarto y último miedo es muy simple: tenemos pánico a que nos dejen de querer de repente. Cada vez que un hombre nos dice “tenemos que hablar”, en vez de pensar que quiere debatir las próximas vacaciones o el estado de las plantas del balcón, preferimos creer que conoció a otra mujer. Es lo primero que se nos viene a la cabeza. Cualquier actitud no convencional es, para nosotras, la máscara de un engaño. No hay otra forma de verlo. Por eso desmenuzamos sus palabras y su conducta como analistas de calidad en un laboratorio. Nos alivia pensar que si estamos alerta quizás no pase nunca, y si tiene que pasar, que podamos descubrirlo antes de que sea demasiado tarde para tirarles el placard por el balcón.
Es verdad que hay otros. Algunas le tenemos miedo a las ratas, otras a las arañas y alguna a los perros grandes. También a morirnos, a engordar, a que nos corten mal el pelo, a que nos metan los cuernos, a que se nos corra la media, a que se nos caiga un bebé al piso, a quemarnos con la plancha.
Sin embargo, ninguno es absoluto. Yo, por ejemplo, no tengo hijos y puedo aplastar arañas con un zapato sin ningún temor. De las mujeres que conozco, en cambio, no hay ninguna que no despierte al marido a la medianoche porque “hay ruidos”, o caiga en el lamento de que va a morir sola en un departamento lleno de telarañas y recuerdos.
Yo pienso que es genético. Que algunos miedos vienen junto al color de ojos o a un lunar en forma de pera que tiene toda tu familia. Para probarlo, basta con saber que el el mayor miedo de los porteros es encontrar a una vieja muerta en su departamento y tener que llamar a la familia, el de los gatos que fallezca la dueña que los acaricia y les da de comer, y el de los hombres, sentar a su novia en una mesa y decirles que van a dejarla por otra mujer.
De los primeros ya me he encargado en varios artículos. De las amigas roba-novio y de la autoestima he hablado mucho también. De las suegras ya escribí cinco veces, sólo que nadie sabe que estoy hablando de ellas. Es un secreto que va a morir conmigo. Sobre los miedos femeninos, sin embargo, apenas si garabateé algún dato aislado.
El miedo más famoso que tenemos las mujeres, es a morirnos solas y llenas de gatos. Cada vez que terminamos una relación, vemos el mismo flash forward: nos imaginamos hablando solas, en un departamento lleno de bolsitas de residuos y revistas viejas, tapadas de gatos sucios con cara de hombre, que piden alimento balanceado trepados a los estantes de la biblioteca. Pensamos que cuando nos llegue la hora, nadie va a saber que estamos muertas, y será el portero quien descubra nuestro cuerpo verde e hinchado diez días después. En esos momentos, todas caemos en la misma rutina ansiosa: buscamos amigos que oficien de plan alternativo, y arreglamos matrimonios conjeturales si es que a los cincuenta años todavía seguimos libres.
El segundo miedo dura más o menos una década y luego desaparece. Arranca entre los once y doce años, con la primera menstruación, y va menguando cada veintiocho días, hasta perderse en la memoria para siempre. Los primeros dos años son, sin duda, los peores. Durante cinco días al mes no hacemos más que sufrir e imaginar que escondemos en la pollera del colegio un espeso río carmesí de vergüenza que apenas nos paremos, se escapará zigzagueante por una pierna. Cada diez minutos sometemos a nuestras amigas a mirarnos el pantalón para ver si estamos manchadas (boluda, mirame, mirame ¿me manché?), como si en esa confirmación se nos fuera la vida, y vamos al baño todavía más seguido para volver a revisar.
El tercer miedo no tiene un objeto específico, pero sí un escenario. Las mujeres creemos que cualquier ruido nocturno significa que hay un asesino en casa. Cualquiera. Incluso un ladrido o una bolsa de nylon que se mueve. Así como nos lavamos el pelo todos los días, o vamos a la peluquería una vez cada dos meses, las mujeres, noche por medio, vamos al living con un cuchillo en la mano. En épocas de vientos fuertes incluso más. Quizás todas las noches. Esta es, además, una fobia narcisista, porque dormimos como un ojo abierto, como si fuésemos el líder de la mafia o un magnate griego, pero en la mayoría de los casos es tan poco lo que nos pueden robar que no vale la pena ensuciar el cuchillo.
El cuarto y último miedo es muy simple: tenemos pánico a que nos dejen de querer de repente. Cada vez que un hombre nos dice “tenemos que hablar”, en vez de pensar que quiere debatir las próximas vacaciones o el estado de las plantas del balcón, preferimos creer que conoció a otra mujer. Es lo primero que se nos viene a la cabeza. Cualquier actitud no convencional es, para nosotras, la máscara de un engaño. No hay otra forma de verlo. Por eso desmenuzamos sus palabras y su conducta como analistas de calidad en un laboratorio. Nos alivia pensar que si estamos alerta quizás no pase nunca, y si tiene que pasar, que podamos descubrirlo antes de que sea demasiado tarde para tirarles el placard por el balcón.
Es verdad que hay otros. Algunas le tenemos miedo a las ratas, otras a las arañas y alguna a los perros grandes. También a morirnos, a engordar, a que nos corten mal el pelo, a que nos metan los cuernos, a que se nos corra la media, a que se nos caiga un bebé al piso, a quemarnos con la plancha.
Sin embargo, ninguno es absoluto. Yo, por ejemplo, no tengo hijos y puedo aplastar arañas con un zapato sin ningún temor. De las mujeres que conozco, en cambio, no hay ninguna que no despierte al marido a la medianoche porque “hay ruidos”, o caiga en el lamento de que va a morir sola en un departamento lleno de telarañas y recuerdos.
Yo pienso que es genético. Que algunos miedos vienen junto al color de ojos o a un lunar en forma de pera que tiene toda tu familia. Para probarlo, basta con saber que el el mayor miedo de los porteros es encontrar a una vieja muerta en su departamento y tener que llamar a la familia, el de los gatos que fallezca la dueña que los acaricia y les da de comer, y el de los hombres, sentar a su novia en una mesa y decirles que van a dejarla por otra mujer.
domingo, 20 de septiembre de 2009
Desde el primer momento supieron que no sería posible, pero jamás imaginaron aquel final. Resultaba imposible concebir la idea de separarse, no lo soportarían.A pesar de las tempranas horas, el cielo vestía una interminable manta de grises nubes.Hasta hacía unos días, la risa se apoderaba de los jóvenes, y ahora, lágrimas saladas cubrían el triste rostro de Sofía, mientras se despedía de Lucas.-¿Así tenía que terminar? –preguntó ella entre sollozos, refugiándose en el pecho de su novio, como si así estuviera protegida de la infinita tristeza que los invadía.-Perdoname mi amor… sabés que hice lo que pude… -las palabras salían en susurros, mientras acariciaba el largo cabello oscuro de ella.-¿Prometés no olvidarme? –indagó perdiéndose en sus ojos verdes. -Jamás podría olvidarte, y lo sabés Sofía… acordate: te amo, y te voy a amar siempre… -besó por última vez los labios de aquella y ascendió al vagón del tren que poco a poco comenzaba a moverse -… pase lo que pase.
domingo, 6 de septiembre de 2009
el destiempo ..
Todo llega dicen, y es verdad, el problema no es si llega sino cuando llega.
A veces las cosas llegan cuando ya es tarde, otras veces lo que esperas llega antes, cuando NO estás listo. Todo tiene su momento, antes o después de ese momento nada prospera.
El destiempo son dos calles que nunca se cruzan. El destiempo es llegar cuando la fiesta terminó. El destiempo no es solo que algo te llegue tarde, es también llegar tarde a eso. Es no tocar a tiempo la nota justa. El destiempo es perder el tren. El destiempo es un perdón que llega tarde. El destiempo es como una fruta verde, amarga. Cinco segundos antes puede ser el momento ideal, cinco segundos después el peor momento. El destiempo es un desencuentro. Es sabiduría que llega cuando ya no la necesitas. El destiempo es una tarde fría en verano. Es lo opuesto al lugar y la hora indicada. El destiempo es una discusión entre sordos. El destiempo es una ironía.
A veces las cosas llegan cuando ya es tarde, otras veces lo que esperas llega antes, cuando NO estás listo. Todo tiene su momento, antes o después de ese momento nada prospera.
El destiempo son dos calles que nunca se cruzan. El destiempo es llegar cuando la fiesta terminó. El destiempo no es solo que algo te llegue tarde, es también llegar tarde a eso. Es no tocar a tiempo la nota justa. El destiempo es perder el tren. El destiempo es un perdón que llega tarde. El destiempo es como una fruta verde, amarga. Cinco segundos antes puede ser el momento ideal, cinco segundos después el peor momento. El destiempo es un desencuentro. Es sabiduría que llega cuando ya no la necesitas. El destiempo es una tarde fría en verano. Es lo opuesto al lugar y la hora indicada. El destiempo es una discusión entre sordos. El destiempo es una ironía.
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